Propiedad Intelectual
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Preguntas y respuestas


¿Por qué debe promoverse y protegerse la propiedad intelectual?

Para la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual –de la cual la República Argentina forma parte- existen varias razones imperativas. En primer lugar, el progreso y el bienestar de la humanidad radican en su capacidad de lograr nuevas creaciones en las esferas de la tecnología y la cultura. En segundo lugar, la protección jurídica de estas nuevas creaciones alienta la inversión de recursos adicionales que, a su vez, inducen a seguir innovando. En tercer lugar, la promoción y la protección de la propiedad industrial estimulan el crecimiento económico, generan nuevos empleos e industrias y mejoran la calidad y el disfrute de la vida.

Un sistema de propiedad intelectual eficaz y equitativo puede contribuir a que todos los países desarrollen el potencial de la propiedad intelectual como un instrumento poderoso de desarrollo económico y de bienestar social y cultural. El sistema de propiedad intelectual ayuda a establecer un equilibrio entre los intereses del innovador y el interés público, proporcionando un entorno en el que la creatividad y la invención puedan florecer en beneficio de todos.

- ¿Por qué se protegen las variedades vegetales?

Las evidencias arqueológicas muestran que el hombre practicaba una forma elemental de selección de plantas –hoy conocida como “domesticación”- desde hace 12.000 años. A partir de ese momento, el mejoramiento vegetal se fue haciendo cada vez más complejo, técnico y científico, al punto que lo que significa hoy, en el siglo XX-XXI, no guarda ninguna relación lo que podía entenderse como tal en el siglo XIX y anteriores. En este sentido podemos decir que el mejoramiento vegetal ha atravesado y dejado atrás dos etapas: la del mejoramiento empírico basado en el fenotipo (es decir, lo que se observa) (10.000 AC hasta 1.866 DC) y la del mejoramiento científico también basado en el fenotipo (1.866 DC hasta 1.970 DC). Hoy estamos en una tercera etapa, en la que el mejoramiento vegetal también es científico pero se basa en el fenotipo más el genotipo (la información almacenada en el ADN), y hay evidencias que demuestran que se está avanzando hacia una cuarta etapa, donde el mejoramiento podría llegar a ser exclusivamente científico y basado en el genotipo.

Por otro lado, el mejoramiento vegetal depende de la interacción entre el genotipo y el ambiente, y por lo tanto, es uno de los escasos productos del ingenio humano imposible de importar como un paquete tecnológico aislado. Es necesario un arduo trabajo a nivel local a fin de desarrollar paquetes tecnológicos aplicables.

Por lo mencionado anteriormente, el mejoramiento vegetal ha dejado de ser desde hace mucho tiempo una actividad que realiza el hombre común; hoy es una especialidad profesional interdisciplinaria que se ubica en las fronteras del conocimiento. Como tal, demanda una protección de su creatividad e ingenio que únicamente puede ser alcanzada mediante adecuados sistemas de protección intelectual.

Las variedades modernas que hoy sirven como fuente de alimento, fibra y combustible no son productos de la naturaleza, sino que son productos de los programas de mejoramiento vegetal. Ninguna variedad de trigo, soja, maíz, girasol, etc. que se usa actualmente, se conocía hace 10 años atrás, y hace 20 años ni existía.

Como todo producto de la inventiva humana, las variedades vegetales pueden ser protegidas mediante derechos de propiedad intelectual. Por su especificidad, las variedades vegetales se protegen por un sistema que genéricamente se denomina “Derechos de Obtentor”.

En Argentina, la actual ley de semillas y creaciones fitogenéticas 20.247 data de 1973, y fue en su momento un instrumento jurídico de avanzada en nuestro país y la base normativa con la que otros países de Latinoamérica mejoraron o introdujeron la problemática de la protección de las obtenciones vegetales y la regulación del comercio de semillas. Sin embargo, si bien en esa época ya eran evidentes los avances que estaban ocurriendo en el campo de la biología, especialmente en lo relacionado con la estructura y función del material hereditario, era difícil, si no imposible, prever el impacto que esas técnicas y otras que luego se incorporaron, tendrían sobre el mejoramiento de las especies cultivadas. Basta mencionar que la biotecnología moderna, basada en la ingeniería genética, se desarrolló con posterioridad a esa fecha. 

- ¿Por qué se protegen los productos de la biotecnología?

Los productos derivados de la aplicación de herramientas biotecnológicas también son derivados del ingenio humano y como tales, son factibles de ser protegidos. Dependiendo de cada país, una enorme cantidad de productos derivados de la biotecnología puede ser protegido bajo el régimen de patentes. Para ello, el producto debe demostrar que es nuevo (novedad absoluta), que tiene altura inventiva y que es factible de aplicación industrial.

En la actualidad la mayoría de los países permiten el patentamiento de secuencias de ADN, siempre que se haya podido demostrar que no se esté patentando algo preexistente en la naturaleza. Como las construcciones genéticas que se usan para generar plantas transgénicas son creadas en el laboratorio, son consideradas en general como material patentable; las oficinas de patentes de Brasil y Argentina, por ejemplo, tienen concedidas decenas de estas patentes.

Las patentes en Argentina se rigen por la Ley de Patentes de Invención y Modelos de Utilidad, 24.481 (modificada por la Ley 24.572 y Ley 25.859), y el INPI (Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual) es el responsable de su análisis y concesión. La duración de una patente en Argentina es de 20 años contados desde la fecha de presentación de la solicitud y, como todo derecho de propiedad intelectual, constituye un incentivo para la creatividad e innovación tecnológica.