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Semilla, la base del futuro


Por: Alejandro María Correa

El autor plantea que la semilla es la piedra angular de la nueva economía y que la Argentina corre el riesgo de perder su liderazgo en el agro por el conflicto sobre las regalías. En su visión, es necesario encontrar soluciones “disruptivas”, pensadas a p 

En las últimas semanas fue noticia la confirmación de China como protagonista del nuevo escenario agrícolatecnológico y del control de su seguridad alimentaria. Aunque poco se habla de una clave de esa estrategia: la semilla. 

Con la compra de Syngenta y antes de Nidera -dos pesos pesados complementarios de la industria de semillas-, los chinos se reacomodan en el mapa económico, con la biotecnología en un rol central. La semilla como interfaz tecnológica es la piedra angular de la nueva economía. A través de ella se crean las nuevas formas de vida que modelan la alimentación, salud, agricultura, energía y materiales como bioplásticos. 

La Argentina es líder mundial en semillas y tecnología agrícola, gracias a algunos pioneros y a políticas de Estado que tuvieron la visión y sabiduría de comprender su época. Hoy estamos en riesgo de perder esa posición. La propiedad intelectual es el nudo gordiano. 

Las batallas entre productores y empresas de semillas sobre cómo y cuánto se debe cobrar por regalías tiene al Estado como conciliador, pero sin un plan estratégico. Unos proponen soluciones políticas y otros técnicas. Se discute la bioeconomía con manuales de la Era Industrial. Las tecnologías disruptivas requieren de soluciones disruptivas. 

Mientras otras industrias ofrecen esquemas de venta o alquiler de licencias para el cobro de regalías, la industria de semillas local sigue atrapada en un modelo que funciona en los Estados Unidos pero que no logra adecuarse a nuestra cultura. 

La solución pasa por un modelo similar a las industrias en donde las regalías son parte de un servicio integral. Bajo plataformas pensadas para los usuarios y no para las necesidades de las empresas. 

La Ley de Semillas aparece una vez más en la agenda del año legislativo, con una fuerte presión del presidente Macri para solucionar un conflicto que ha escalado a los tribunales con la atenta mirada de la embajada de Estados Unidos. 

Patentar nuevas formas de vida trae consigo dilemas éticos y jurídicos. También productivos. Con el lógico temor social a que se coarte el dominio público y que además podría rifar la investigación local de años. 

Todos están sorprendidos y paralizados por la velocidad con que cambia el escenario, pero la anarquía actual muestra la necesidad de legislar, y no sólo el aspecto comercial. No puede ser que una empresa privada ejerza un rol paraestatal y establezca mecanismos de uso y control de las semillas. Ni que algunos productores, con el argumento del “uso propio”, hagan usufructo de las últimas tecnologías y alimenten un mercado negro para evitar pagar regalías. 

En estos días se ha anunciado un esquema de control por parte del Estado para el uso de semilla certificada y cobro de los derechos de propiedad intelectual. Pero queda afuera lo más importante: el rol estratégico de la semilla. 

La semilla es neurálgica para la región, porque es origen y base diferencial para el agregado de valor. Es la pieza fundamental para el manejo de la fotosíntesis. Las semillas son los cimientos de las fábricas del futuro, ya de ellas nacen las plantas fabriles sustentables. Nadie se opone al peaje si el camino mejora el flujo. En esa figura está la clave. 

Nota de redacción: el autor es el presidente de Toctumi, una consultora de medios y es periodista especializado en biotecnología y agro.